Los perritos de piel de oveja de don Roberto

Don Roberto Allca es un artesano de la peletería, actividad a la cual se dedica hace 28 años.

Artesano huancaíno de pieles, Roberto Teófilo Allca Balvín, trabajando en su máquina peletera, en su taller en Chilca, (Huancayo).

«Estos peluches salen de lo común», asegura don Roberto Allca, artesano de la peletería, una línea de la artesanía basada en pieles.
Lo dice porque los perritos y ositos que fabrica con sus manos están hechos con piel de oveja, un insumo natural que se obtiene después de que los animales son sacrificados para el consumo humano de su carne. Un arte que Roberto heredó de su padre y al cual se dedica hace 28 años. En ese tiempo ha sido testigo de una época de auge: cuando los peluches se cosían a mano, había demanda y era necesario muchas manos para cumplir con los pedidos.
Precisamente ese buen momento lo animó a comprarse su primera máquina peletera para unir más rápido las piezas de piel de oveja o de alpaca o de becerro. Poco tiempo después, alrededor del 2000 —recuerda— ingresaron al mercado peruano los peluches de material sintético, importados de China y a bajo precio, quitándole mercado a los artesanos locales.
Don Roberto resistió dedicándose por momentos a la construcción de viviendas para compensar el bajón de sus ingresos y diversificando su artesanía: sombreros de piel de becerro para la fiesta del Santiago de julio y agosto, alfombras, gorras, abrigos, sábanas… en alguna ocasión hizo osos con manos y pies móviles. Pero los peluches siempre fueron los más pedidos. Hoy han evolucionado y ahora son lavables.
Don Roberto Allca muestra un perrito de piel de oveja, uno de los productos que más vende en Navidad o el 14 de febrero, día del amor.

“Yo mismo lo proceso todo”, dice.
Desde el curtido de la piel, el pilchado de la lana, el corte de las piezas, el cocido, el rellenado, el acabado. Incluso la distribución al por mayor a sus principales compradores que están en Hualhuas, Ingenio y la Laguna de Paca, puntos concurridos por los turistas nacionales y extranjeros en el Valle del Mantaro.
Don Roberto quiere dar un salto: trabajar con piel de alpaca; más fina, más rentable. Lo vendería en Lima o lo  exportaría. Quiere seguir el camino de otros artesanos “que hacen bonitos trabajos” y lo venden, por ejemplo, a Ecuador.
Para eso tiene un reto: formalizar una asociación de artesanos de la piel y el cuero de animales, que le permita comprar insumos químicos para trabajar: el ácido fórmico para el curtido y el permanganato de potasio para el pintado. Son dos elementos prohibidos hoy porque también son usados en el procesamiento de la hoja de coca en el Vraem.
Pero una asociación de artesanos inscrita en Registros Públicos podría comprarlos para fines lícitos. Ése es el plan de don Roberto para que sus trabajos tengan mayor valor en mercados más exigentes.
 

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