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Hualhuas: el arte de la pushka en manos sabias

La modernidad camina a pasos agigantados ante los ojos cenizos de los ancianos: sus tradiciones se debilitan y dan paso a una historia muy distinta.

Ancianas de Hualhuas mantienen el conocimiento ancestral de la Puchka. Foto: Yoselin Alfaro.

Escribe: Yoselin Alfaro

Estoy en la plaza de San Roque, del distrito artesano de Hualhuas, a casi una hora del centro de Huancayo, que reposa en las faldas de una imponente cadena de cerros vestidos con innumerables árboles de eucalipto. La Iglesia, custodiada por San Roque, patrón del lugar, luce siempre cálida con su color amarillo y sus faroles en forma de pushka, la manera antigua de hilar la lana. A la derecha, una hulhuina luce coqueta. A la izquierda, danza el avelino.

Los músicos de alrededor de la plaza resaltan la característica festiva del distrito y las miradas relajadas de los habitantes denotan una paz superficial que brinda la comodidad para andar sin temores por sus calles. Al costado izquierdo, se abre una callejuela que nos conduce al estadio. Es un camino largo el que ha tenido que recorrer Isabel Pérez Lazo, una anciana de 90 años que hoy participará en el concurso de la pushka, organizado por la municipalidad.

Isabel Pérez creció en Hualhuas. Sus padres, maestros artesanos, le enseñaron el arte de pushkar, tal como a ellos se los enseñaron sus abuelos. Camina lentamente apoyándose en un bastón marrón que parece más fuerte que sus huesos. «Tengo los ojos cubiertos de nubes», dice. «Eso me impide hilar como antes». Lleva en la espalda una manta huanca donde guarda cuidadosamente su chonta y la lana que hilará esta mañana.

Tapices, mantas y otras prendas de vertir sson hechas con la lana pushkada por las artesanas de Hualhuas. Foto: Yoselin Alfaro.

Su rostro parece cansado y triste, pero se suaviza cuando se encuentra con sus vecinas Eulogia Torres Colonio, de 82 años, y Alejandrina Pérez, 71, vienen del mismo barrio: Puchacruz. Conversan amenamente en quechua mientras preparan sus materiales para entrar al concurso y ganar el premio a la mejor hilandera del evento por Semana Santa, ríen hasta que les toca competir. Cuando toman sus asientos se olvidan de las charlas se dedican a girar la chonta con la rueda y darle finura a la lana.

El concurso evaluará la puntualidad, cantidad, finura y paridad. Frente a mama Isabel, Eulogia y Alejandrina se debaten también Trinidad Lazo de Quispe (62), Victoria Arzapalo Gamarra (55), Elsa Sanchez Colonio (66), Ruth Quispe Salinas (55), Lucila Quispe Salinas (72) y Nicolasa Ayre Tadeo (40), la más joven de todas las concursantes, y el abuelito Vicente Chipana Ramos (83), el único varón hilandero del concurso.

El proceso es el siguiente: se envuelve la lana en retazos en uno de los brazos a modo de soporte mientras el otro sostiene la chonta con la rueda que no para de girar, hasta convertir un ovillo de lana recién hilada. Las maestras hilanderas de Hualhuas me dicen que la chonta está hecha con madera de pino, difícil de quebrarse y pudrirse, que ni la polilla puede contra ella debido a lo sólida que es. Cuesta de 3.50 a 4.00 soles y los pueden conseguir en las ferias semanales del distrito.

En este tipo de telares, los artesanos de Hualhuas tejen las diferentes prendas con el hilo de la lana de oveja o la fibra de alpaca. Foto: Yoselin Alfaro.

Doña Elsa comenta que en sus inicios la rueda no era de madera sino de piedra, que ayudaba a equilibrar el peso de la chonta y hacer que gire con mayor facilidad, de esta manera se lograba un excelente pushkado de la lana de oveja o fibra de alpaca. El punto está en obtener una cantidad necesaria y la consistencia del hilo para que no se quiebre fácilmente a la hora de confeccionar las pullokatas, mantas, chompas, pañolones, entre otros.

No quiero interrumpirlas hasta que terminen de realizar lo que están haciendo, así que me dirijo a su tradicional Villa Artesanal donde la señora Olga Meza Colonio (62) se dedica a hilar la lana y con ella confecciona chompas, chalinas, gorros, medias, mantas de huaylarsh, guantes, ponchos. La venta ha caído en el distrito debido a la pérdida de las costumbres ancestrales y a la falta de apoyo, así como el ingreso de los productos chinos al mercado artesanal.

“Aquí los pullokatas cuestan desde 25 soles, tiene la garantía de llevar un buen producto”, recomienda doña Olguita y me revela que algunos de los colores de las mantas están hechas con tintes naturales, como de cochinilla, de plantas y de la flor de retama, una planta casi extinta por la proliferación de pulgones que las arrasaron hace más de 15 años.

La flor de retama es característica del Valle del Mantaro, honrada por el compositor y músico Tiburcio Mallaupoma en su canción Caminito de Huancayo y Picaflor de los Andes en su mulisa Retamita.

El arte de la pushka pervive en manos ancianas. Foto: Yoselin Alfaro.

Los productos que estos arteanoa venden, producto de su singular trabajo, son en la mayoría de casos el único sustento económico. Con el dinero que ganan compran sus alimentos y guardan la otra parte para invertirlo en materiales y seguir confeccionando más prendas. Algunas de ellas, antaño, fueron hijas de grandes artesanos, pero al caer la venta y sus padres, sus comercios se han debilitado. Ahora, con sus setenta, ochenta y hasta noventa años de edad, afrontan un medio cambiante en la cual su arte se va perdiendo.

A la edad en que ellas aprendieron a pushkar, a los siete u ocho años, sus nietos van a la escuela, ya no aprenden este arte. Nicolasa dice que no podría enseñarle a sus hijos porque todos son varones. ¿Qué habrá pensado al ver a don Vicente, un anciano pushkador en medio de tantas maestras.

Acabado el concurso, las ancianas se juntan nuevamente a un lado del estrado y comparten sus impresiones acerca del hilado. Sus rostros denotan las historias que marcaron su vida. En sus manos guardan, quizá sin saberlo, el arte y el privilegio que muchos niños ya no conocerán.

¿Qué son esos palitos que llevan en las manos? «No es un palito, wambla, es una chonta con su rueda y sirve para pushkar».

Estos ancianos llevan en sus manos el arte de pushkar.

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Categories: Crónica, Cultura Popular

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